El cineasta Paul Thomas Anderson sorprendió a su equipo cuando anunció que su más reciente proyecto, *One Battle After Another*, se rodaría en VistaVision, un formato de película de gran escala que vio su esplendor en los años cincuenta. Su director de fotografía, Michael Bauman, no pudo evitar preguntarse si aquella decisión era viable. “Lo primero que pensé fue: *¿Esto va a funcionar?*”, confesó Bauman. Y no era para menos: durante más de seis décadas, las pocas cámaras VistaVision que quedaban en el mundo habían permanecido olvidadas en almacenes, como reliquias de una era pasada.
Aunque el formato tuvo su momento de gloria —Alfred Hitchcock lo usó en *Vértigo* y Cecil B. DeMille en *Los diez mandamientos*—, su declive comenzó a principios de los sesenta. Sin embargo, hoy, en plena era digital, donde la inteligencia artificial ya se cuela en los procesos creativos, *One Battle After Another* se alza como una apuesta arriesgada y nostálgica que podría llevarse el Oscar a mejor película. La cinta, una épica estadounidense filmada en paisajes rurales y polvorientos, exigió un esfuerzo titánico: Bauman calcula que se utilizaron alrededor de 1.5 millones de pies de película, un desafío logístico que puso a prueba la resistencia del formato.
“VistaVision es ideal si estás en un trípode filmando un paisaje sereno”, explicó Bauman. “Pero cuando lo montas en una Steadicam, lo usas a pulso, lo sujetas a un auto o lo llevas a locaciones extremas, como hicimos nosotros, las cosas se complican”. A pesar de las dudas iniciales, el formato no solo resistió, sino que demostró una versatilidad inesperada. De hecho, en la última edición de los premios de la Academia, el cinematógrafo Lol Crawley se llevó el galardón a mejor fotografía por una película rodada en VistaVision, confirmando que el formato no solo sigue vivo, sino que está experimentando un renacimiento en la pantalla grande.
La clave del éxito de VistaVision radica en su negativo de gran tamaño, que captura imágenes con una riqueza de detalle y una profundidad de campo incomparables. “Es una revitalización del oficio cinematográfico”, aseguró Bauman. “Lo fotoquímico aún tiene mucho que decir en la industria”. Este resurgimiento no es casualidad: en un mundo saturado de imágenes digitales, el cine analógico ofrece una textura única, una calidez que muchos cineastas buscan recuperar. Películas como *The Brutalist* también han optado por este formato, demostrando que, en la era de la inmediatez, hay espacio para la paciencia y la artesanía.
El rodaje de *One Battle After Another* no fue sencillo. Las cámaras VistaVision, diseñadas para tomas estáticas y controladas, tuvieron que adaptarse a un ritmo frenético y a condiciones impredecibles. Bauman y su equipo enfrentaron desafíos técnicos constantes, desde la gestión de la luz en exteriores hasta la estabilidad de las tomas en movimiento. Pero cada obstáculo superado reforzó la idea de que, a veces, lo antiguo puede ser la mejor herramienta para contar historias nuevas.
Más allá de la nostalgia, el uso de VistaVision en esta producción refleja una búsqueda por recuperar la esencia del cine como arte manual. En un momento en que la tecnología avanza a pasos agigantados, Anderson y su equipo apostaron por un formato que exige precisión, paciencia y un profundo conocimiento del oficio. El resultado es una película que no solo destaca por su narrativa, sino también por su estética, donde cada fotograma parece una pintura en movimiento.
El éxito de *One Battle After Another* en los Oscar podría marcar un punto de inflexión para el cine analógico. Si bien el digital domina la industria, cada vez son más los cineastas que exploran las posibilidades del celuloide, ya sea por su calidad visual o por el valor artístico que aporta. VistaVision, con su capacidad para capturar la luz de manera única, se ha convertido en un símbolo de esta resistencia creativa. Y aunque el futuro del cine sigue siendo incierto, una cosa es clara: la magia de la película no ha desaparecido, solo estaba esperando su momento para volver a brillar.

